“Todos nos volvemos
locos alguna vez”
Título original: psycho
Director:
Alfred Hitchcock
Producción:
Alfred Hitchcock
Duración: 109 minutos
Género: terror
Actores principales: Anthony Perkins, Janet Leigh, Vera
Miles, John Gavin, Martin Balsam, John McIntire
Lugar y año: Estados Unidos 1960
Sinopsis:
Marion Crane, tras hurtar una importante suma de dinero a la
empresa para la que trabaja decide huir y comenzar una nueva vida que sería
costeada con el capital adquirido.
La preocupación de Marion por ser descubierta por la policía
la lleva a tomar notables precauciones para ocultar su crimen entre las que
destaca cambiar de coche. Una de las paradas en su viaje de huida resulta ser
el motel Bates. Allí conocerá a Norman Bates quien se encargará de hospedarla.
Psicosis es el clásico entre los clásicos. La película de
terror por antonomasia. Apreciada y reconocida por la crítica a lo largo de los
años y
sin embargo actualmente ignorada por un público que declina su formato
en blanco y negro y su carencia de los sobreexplotados efectos especiales.
Es cierto que en psicosis no veremos carnaza pero también es
cierto que no es lo que buscamos en una película de estas características.
El maestro Hitchcock es el amo indiscutible del suspense nos
hace temer lo que no vemos más que lo que vemos, o mejor dicho que lo que
creemos ver.
En esta película es muy destacable el elemento sorpresa. El
personaje de Janet Leigh comienza acaparando la pantalla. En el momento del
estreno de psicosis la popularidad de la actriz estaba en alza y de ella se
esperaban solo papeles protagonistas por lo que su prematura muerte causa
desconcierto en el espectador, una sensación de confusión que ya no se
abandonará hasta el final del film.
La interpretación del personaje de Anthony Perkins no es
fácil. Resulta complejo saber llevar la (nunca mejor dicho) psicosis del
personaje sin caer en la comicidad y Perkins lo logra brillantemente.
Sin embargo el mérito de esta película no es tanto la
interpretación de los actores si no la excelente dirección y el rodaje de la
misma.
El uso de la música no podría ser más inteligente en esta
película, llega un momento en que los latidos del corazón del espectador
parecen acompasarse a la marcada melodía la cual nos avisa y nos prepara para
los momentos en los que se alcanza la máxima tensión (algo parecido a lo que
años después hará Spielberg con "Tiburón")
El final de la película es soberbio. El plano que se va
acercando más y más al psicótico Norman mientras puede escucharse el monologo
de “su madre” considero que es la mejor escena de la película, aunque la que
más haya transcendido sea la frenética (y también brillante) escena de la
ducha.


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